Hoy te escribí, me gustó escribirte.
Sabía que no podía escribir el mero día que se fuera, me esperé hasta hoy. Hice un montón de preguntas que espero responda, y que también responda aquellas preguntas que no fueron formuladas. Ya quiero enviarle cartas y ñoñerías de esas. Ayer el café y tejer me hicieron recordarle nuevamente. El culpable de que le recordara hoy fueron unas galletas chopeadas en un capuccino dulce. Siento que me escucho como la persona más pinche llorona. Ni modo, así soy, así le extraño.
Ciaozinho
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