Mi hermano nos llevó a comer a un lugar muy presentable, por lo del cumpleaños de mamá. Mi hermano conoce a casi toda la ciudad, así que llegó el dueño y lo saludó con mucha naturalidad. El señor dueño me llamó "campeón" y el mesero me dijo "jovenazo". Comí un delicioso platillo de espárragos enrollados en una fina tira de pechuga de pollo, ligeramente decorados con una salsa de la casa, sobre una cama de arroz. He probado mejor arroz pero los espárragos con el pollo estaban para chuparse los dedos: riquísimos. Después llegó la hora del postre. El mesero trajo una rebanadita de pastel de queso con tres cerezas y una velita. Cantó las mañanitas, felicitó a mi mamá y nos dejó el pastelito. Todos quedamos encantados, y más por el plato del pastel que tenía escrito, en chocolate, "happy B." Fue una muy buena comida. Malditos espárragos deliciosos. Después de eso mamá insistió en que compráramos un pastel no tan dulce, terminamos con uno de zanahoria y no sé que más.
Ahorita sólo espero a que llegue mi pareja, le pregunté como le fue, nos abracemos por largo rato, actuemos como unos ñoños románticos empedernidos y luego haremos waffles. Mamá y yo compramos fresas y moras azules en la tarde.
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